¿Sodomía o pegging?

El arte del derrière…del culo
Todo comenzó con una curiosa reflexión sobre tener un dedo en el culo y a preguntarme por las singulares artes del derrière, en especial sobre el sexo anal, la sodomía, el pegging. Porque aunque una es adulta, la curiosidad sigue presente en los rincones más peculiares.
En esta ocasión me he dado a la tarea de responder: ¿cómo es que pasamos de la sodomía al pegging? Para después poder entender las diferencias y similitudes entre estos conceptos. En este recorrido es importante hacer una breve pausa en el contexto histórico y social en el que se enmarcan. De una vez te adelanto que a lo que respecta los placeres del culo, no hay buenos o malos; siempre y cuando sea con respeto y cuidado.
una práctica, diversas historias
Para empezar, no recuerdo en qué momento de mi vida escuché el término sexo anal, pero es probable que haya sido en un contexto educativo y/o formativo, en alguna clase en la que se hablara sobre las prácticas sexuales y cómo cuidarse. Una situación bastante objetiva y neutra, diría yo.
Por otro lado, sí que recuerdo el impacto de la palabra «sodomía» en mi cabeza al escuchar su significado. Una vejación, un acto violento y grotesco. Una vileza de la naturaleza humana.
Con respecto a la palabra pegging, sí que tengo presente cómo fue aquella primera vez que oí el término. Fue un cub, un osito o cachorro de oso (de la comunidad de osos y no me refiero a los animales, sino a una subcultura dentro de la comunidad gay) quien me explicó qué significaba este término.
Como pueden ver, la misma práctica pero con connotaciones y contextos diferentes. Así como conocí estos términos, es la historia de cada uno de ellos. Están enmarcados en circunstancias sociales, históricas y filosóficas distintas.
¡El sexo anal destruye ciudades!
Para empezar, no recuerdo en qué momento de mi vida escuché el término sexo anal, pero es probable que haya sido en un contexto educativo y/o formativo, en alguna clase en la que se hablara sobre las prácticas sexuales y cómo cuidarse. Una situación bastante objetiva y neutra, diría yo.
Por otro lado, sí que recuerdo el impacto de la palabra «sodomía» en mi cabeza al escuchar su significado. Una vejación, un acto violento y grotesco. Una vileza de la naturaleza humana.
Con respecto a la palabra pegging, sí que tengo presente cómo fue aquella primera vez que oí el término. Fue un cub, un osito o cachorro de oso (de la comunidad de osos y no me refiero a los animales, sino a una subcultura dentro de la comunidad gay) quien me explicó qué significaba este término.
Como pueden ver, la misma práctica pero con connotaciones y contextos diferentes. Así como conocí estos términos, es la historia de cada uno de ellos. Están enmarcados en circunstancias sociales, históricas y filosóficas distintas.
¿Y el pegging?
A diferencia de la sodomía, el concepto de pegging surge en el 2001. Un neologismo creado para describir una práctica sexual; específicamente para describir el acto de una mujer que penetra a un hombre usando un arnés y un dildo (strap-on).
Este concepto, a diferencia de la sodomía, está rodeado de cuestionamientos sobre las prácticas sexuales tradicionales y las diferentes miradas que tiene la sexualidad, porque centrarse solo en hombres y mujeres y en formas fálicas resulta un tanto reduccionista. Por lo que este concepto se ha expandido no sólo o exclusivamente al hecho de que mujeres penetran a hombres, sino más a una práctica consensuada entre participantes. Aquí el planteamiento de que sí es indecente o corrupto no existe, el punto que se cuestiona es la penetración de pene a vagina como única perspectiva de placer.
Es así como entra un nuevo concepto y en donde radica la diferencia con la sodomía: el consentimiento. Mientras que la sodomía porta en su concepción la humillación y el ultraje; el pegging se populariza como un concepto cordial, exploratorio y hasta deseable, donde se enfatiza el dar placer y no el de someter.
De hecho, históricamente, el término sodomía se ha utilizado en términos jurídicos, y el pegging lo encontramos asociado a la exploración sexual. Así es como uno tiene una carga moral que castiga y el otro va hacia la aceptación y la normalización de una práctica.
Entonces, ¿cuál es correcto? …
Hoy en día no hay buenos o malos, correctos o incorrectos en la elección de un término. También, quiero señalar que no pretendo que haya favoritismo por uno o por otro; cada quien es libre de elegir el que más le convenga. Simplemente, como hemos podido ver, ambos términos se refieren a la misma práctica sexual; solo que su origen está marcado por un contexto social, histórico e ideológico; es ahí donde radica la esencia de cada palabra.
La clave para usar sodomía o pegging es que los participantes comuniquen, realicen acuerdos, que sea libre, sin obligatoriedad y deseada. Para mí, más que centrarme en la filosofía, historia e ideología que cada uno de ellos tiene, se trata de disfrutar, de explorar, de mantener el espíritu curioso y de permitirse jugar. Además, seamos honestos, en el calor del momento es probable que ponerse a discutir sobre la terminología más adecuada puede que no sea tan idóneo.
Pero como dije al inicio, mi propósito era entender por qué existían diversos términos para una misma práctica, saciar mi curiosidad y aprender un poco más sobre la gran diversidad que hay en el mundo de las artes amatorias.
Tú, ¿cuál término prefieres? ¿Sodomía o pegging?
Si te ha gustado mi reflexión, te invito a leer otra sobre el ósculo infame y el pecado que se esconde detrás de él.