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Ósculo infame

Una reflexión sobre el culo

Ósculo infame. Compendium maleficarum

En el mundo de las artes amatorias hay un sinfín de prácticas que pueden, o no, resultarnos atractivas. Como bien he dicho antes, esto es una heladería y hay de todo y para todos los gustos. Dentro de este gran y amplio menú que existe siempre hay partes que resultan impactantes, incómodas o incluso perversas a primera vista, pero me pregunto si realmente lo son, o si esa percepción viene de una carga simbólica con la que las hemos etiquetado.

¿Por qué resulta incómodo para algunas personas hablar o escuchar sobre los intrígulis que hay detrás del culo? 

Estaba un día reflexionando sobre este peculiar tema, mientras veía una gran variedad de publicaciones en redes sociales. Entonces, para mis adentros pensé que sería interesante abordar el tema en un breve escrito. Si hay quienes se sienten con total libertad de opinar sobre cuerpos, clasificar a las mujeres con números y dictar cómo debe ser la mujer ideal, ¿por qué no habría de compartir mis pensamientos y divagaciones sobre este asunto?

Mi primera conclusión a la que llegué en estas curiosas reflexiones fue: un ano no define a nadie. Estaba navegando en el maravilloso internet cuando vi una publicación que decía: “No me gusta que me metan un dedo en el ano, porque no soy gay”. Es totalmente válido hallar desagrado ahí donde otros hallan placer inimaginable. Pero lo que me provocó cierto ruido de la frase fue la segunda parte “porque no soy gay”. ¿Cómo puede un dedo dictaminar una preferencia sexual?

Puertas del pecado

Entonces, hice la analogía con una boca. Todos tenemos una; nunca pensaría que por meterme un dedo en la boca mi preferencia sexual es de uno u otro tipo. Fue en esta reflexión que caí en la cuenta de la similitud que ambas partes del cuerpo comparten. Boca y ano participan en el tránsito corporal aunque con diferentes funciones. Una recibe y la otra expulsa, una paladea sabores y la otra deja ir lo que nuestro cuerpo ya no necesita. 

Aunque si lo pensamos bien y somos curiosos, descubriremos que ambas pueden hacer lo mismo. Aperturas que procesan, transforman y, en ciertos excesos, se parecen. 

Además, los excesos glotones nos llevan a la gula, pecado capital. Por lo que podríamos decir que todos los excesos que entren por estas puertas del cuerpo nos conducen al pecado, según ciertas morales. 

Lo que me llevó a preguntarme cómo es posible que un culo pueda ser tan juzgado y moralizado. Un juicio proveniente de una postura moral y religiosa. Donde está relacionado con lo prohibido, lo tabú, con lo perverso, con el diablo, con lo maldito, con las perversiones, las desviaciones, lo sórdido, lo vulgar y la depravación. Mostrándolo como algo sumamente repulsivo y, sin embargo, la materia orgánica de otras especies es vital para la fertilización, un símbolo de abundancia.

Ósculo infame

Estas reflexiones se iniciaron gracias a una ilustración que encontré: el ósculo infame.  Una imagen que muestra la ceremonia ritual atribuida a las brujas, en la que expresaban su sumisión al demonio, dando un beso en el ano del demonio, en su “otra boca”. Un gesto íntimo convertido en un acto de brujería.

Curioso que lo que cada quien hace con su propio cuerpo haya sido, hace siglos y siga siendo, un tema público. Como si el ano fuera un escenario donde la sociedad proyecta sus miedos, sus fantasías, sus moralidades.

Y no es un tema menor, porque claramente es un tópico que nos produce fascinación; si no, no estaría escribiendo sobre ello. Sumándome a todos aquellos curiosos que han decidido sumergirse en las profundidades del tema y expresarse, pienso que esta parte del cuerpo nos recuerda lo terrenales y efímeros que somos: lo que entra, lo que se transforma, lo que sale. Un tránsito, como el digestivo y como el de la vida misma.

El espacio entre nosotros

Al final, puede ser tan profundo como absurdo hablar del tema. Sin embargo, me parece interesante ver esta parte del cuerpo como un reflejo de aquello que preferimos no mirar, lo que se rechaza, lo que avergüenza, lo que provoca miedo, asco, risa y placer. Porque pareciera que un dedo en el culo revela más de nuestra humanidad de lo que simplemente es, un dedo en el culo.

Te invito a cuestionar, divagar, reflexionar y a no perder nuestra naturaleza curiosa. Si es un culo el que te lleva por extraños caminos filosóficos, pues adelante: la apertura siempre viene bien, en todos los sentidos. Además, no sería la primera vez que una idea profunda sale de un lugar inesperado.

Te dejo acá otra reflexión sobre la castidad por si te interesa

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